Curiosamente, creo que se parece bastante a una relación de pareja.
No basta con que una de las partes quiera que funcione. Tiene que haber confianza, respeto, compromiso y ganas de construir algo a largo plazo.
También existen las relaciones tóxicas. Las que parecen ir bien hasta que dejan de hacerlo sin previo aviso. O aquellas en las que una de las partes actúa por libre sin pensar en la otra. Y en nuestro sector ocurre más de lo que parece.
Como representante de Bluebacking, dedicamos mucho tiempo a encontrar a los mejores partners para cada proyecto. Y digo partners porque nunca me ha gustado hablar de “proveedores”. Un partner aporta valor, comparte riesgos y contribuye al éxito del evento.
En alguna ocasión me he encontrado con que, después de presentar a un colaborador de confianza, el cliente ha decidido contactar directamente con él, sin decirnos nada.
¿Puede hacerlo? Claro. ¿Es ilegal? En absoluto. ¿Contribuye a construir una relación de confianza? Creo que no.
No se trata de que los colaboradores sean “de nadie”. No lo son. Se trata de reconocer el valor que aporta quien ha invertido años en construir una red de profesionales de confianza.
Al final, una agencia no solo vende creatividad o capacidad de organización. También pone sobre la mesa su experiencia, su criterio y las relaciones que ha cultivado durante años.
Y, como en cualquier relación sana, cuando hay confianza, las conversaciones incómodas también se tienen. Basta con una llamada. Un “Carlos, estamos pensando en contactar directamente con ellos, ¿cómo lo ves?”. Estoy convencido de que casi siempre habría una solución beneficiosa para todos.
Porque las mejores relaciones (personales y profesionales) no se sostienen por contratos. Se sostienen por respeto.
¿Os ha pasado alguna vez? ¿Cómo gestionáis este tipo de situaciones?

Los gremlins existen. Al menos, en los eventos…
—¿Va todo bien?
