Al final va a ser cierto… la tecnología vuelve imbécil al más inteligente, e inteligente al más imbécil.
Nunca habíamos tenido tanto acceso al conocimiento y, al mismo tiempo, tanta dificultad para concentrarnos, recordar, pensar en profundidad o sostener una conversación sin distracciones. La tecnología nos da superpoderes… pero también puede quitarnos capacidades si dejamos de entrenarlas.
Lo preocupante no es solo cómo nos afecta a nosotros, sino qué ocurrirá con nuestros hijos y las próximas generaciones si crecen delegando cada vez más su memoria, su creatividad y su pensamiento crítico en una pantalla o en una IA. La pregunta ya no es si la tecnología cambia nuestro cerebro. La pregunta es: ¿seremos capaces de usarla sin dejar que piense por nosotros?
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Un evento con propósito es una inversión, no un gasto
Un evento con propósito es una inversión, no un gasto
