Hay algo que nunca he conseguido explicar después de muchos años organizando eventos.
Todo está listo. Hemos montado el escenario, probado el sonido, revisado las luces, lanzado los vídeos… Hemos hecho el ensayo técnico y el ensayo general. Todo funciona. Faltan cinco minutos para empezar. Y, de repente… Algo deja de funcionar.
Un vídeo no sale. Una pantalla se queda en negro. Un micrófono decide que hoy no quiere colaborar…
Y ahí empieza el espectáculo de verdad 🤯
Los técnicos más veteranos empiezan a hablar de los gremlins. Otros dicen que si hay fantasmas. Alguno pregunta si hoy hay luna llena. Y nunca falta quien culpa a una llamarada solar. La realidad es que, cuando faltan cinco minutos para empezar un evento, cualquier teoría acaba pareciendo razonable.
Porque lo más desconcertante es que hace dos minutos funcionaba perfectamente.
Mientras tanto, el cliente empieza a notar que algo raro pasa. Te mira. Se acerca. Y te hace la pregunta que menos quieres escuchar:
—¿Va todo bien?
Y tú, con media producción corriendo de un lado para otro y el corazón a 180 pulsaciones, le sonríes y respondes:
—Sí, sí… todo controlado.
Aunque por dentro estés pensando exactamente lo contrario.
Y entonces sucede el milagro. A un minuto del comienzo… Todo vuelve a funcionar. Como si el gremlin de producción ya hubiera tenido su momento de diversión y, satisfecho, decidiera dejar que el evento empezara.
No me considero una persona supersticiosa. Pero reconozco que tengo un pequeño amuleto que me acompaña a todos los eventos.
¿Sirve para algo? Probablemente no.
¿Me da tranquilidad? Muchísima.
Decidme que no soy el único.
¿Cuál es la superstición, el ritual o la teoría más disparatada que has escuchado (o vivido) justo antes de que empezara un evento?
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¿Cómo saber si tienes una relación sana con un cliente?
Las mejores relaciones (personales y profesionales) no se sostienen por contratos.
